Integro Como Una Cebolla

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Pasaje Bíblico: Daniel 6:1-4 (Lectura de todo el capítulo)

“El rey Darío decidió nombrar 120 administradores financieros (o gobernadores regionales) para que se encargaran de las distintas partes del reino.

Al frente de ellos puso a 3 supervisores para que vigilaran la administración de los gobernadores con el fin de que el rey no saliera perjudicado en nada.

Uno de los supervisores era Daniel quien pronto se distinguió de los otros supervisores y jefes regionales por su gran capacidad. Por eso el rey pensó en ponerlo al frente del gobierno de la nación.

Los supervisores y gobernadores, celosos, buscaron entonces un motivo para acusar a Daniel de mala administración del reino. Pero como él era un hombre honrado en quien no encontraron ninguna falta, entonces no pudieron presentar ningún cargo contra él”.

Introducción Histórica
Darío fue el rey medo que fue puesto para gobernar después que el general Ciro derrotó y tomó el imperio Babilónico (5:31, 9:1).

En la reorganización del gobierno, Darío decidió establecer una estructura administrativa, de manera que tenía 120 administradores financieros (sátrapas). Puso como jefes inmediatos de éstos a 3 gobernadores (supervisores) para asegurar una ordenada y fiel recaudación de impuestos y cobranzas de la nación (6:1-2).

Las Escrituras relatan que de los 3 gobernadores, Daniel era superior a los otros dos en el sentido de que él era muy inteligente, sabio y capaz (6:3).

Qué cualidades tan atractivas de un líder!

¿Le gustaría ser reconocido por estas cualidades?
¿Se destaca usted en su trabajo? ¿En sus estudios? ¿En su ministerio?

Daniel, el líder del momento
El rey Darío halló en Daniel un espíritu extraordinario, una gran capacidad y por eso quiso darle autoridad y responsabilidad en el manejo de la nación. Daniel ya había demostrado su liderazgo como intérprete de sueños durante el reinado de Nabudoconosor haciéndole jefe de los sabios (2:48, 4:19) y después fue colocado como gobernador de la provincia de Babilonia (2:49).

¿Puede la gente confiar en usted? ¿Puede su jefe o jefa ver aquello en usted como para confiarle su empresa, su negocio, su casa, sus hijos o darle algún puesto de confianza?

¡Que tremendo! Daniel era considerado nada más ni nada menos que “el mero, mero”. Todos le rendían cuentas a él.
Su liderazgo y capacidad era tan obvia que el rey estaba considerando la posibilidad de promoverlo como el Primer Ministro de todo su reino.

Daniel era digno de confianza, era un líder, tenía carisma, y era además un israelita. Encima de todo esto, ahora estaba a punto de ser promovido a una posición más alta. Pero eso puso “verde” de envidia a los otros gobernadores y administradores del reino (6:4a).

Entonces, ellos comenzaron a buscar fallas, motivos o cualquier acción en contra de su administración para acusarlo y hacérselo saber de inmediato al rey y a toda la nación.
Estoy segura que los colegas de Daniel no sólo lo observaron cada día para ver si hacía alguna malversación de fondos con la tesorería, sino que es posible que ellos mismos planearon algunas situaciones para hacerle caer.

Si las cámaras de video hubiesen existido en ese tiempo, es probable que los colegas de Daniel hubiesen puesto algunas de éstas en su oficina y en su casa. O quizás contratarían personas para seguir a Daniel y averiguar sobre las transacciones de dinero que él hacía, cuánto dinero personal tenía en el banco, revisarían los informes de tesorería, verificarían si él pagaba sus impuestos, entrevistarían a las personas con quienes Daniel hacía negocios etc. Y tal vez, lo que no encontraban como prueba suficiente para inculparlo, se lo inventaban a fin de conseguir algún tipo de reacción de parte de Daniel y así, acusarle de inmediato con el rey.

Pero fuere lo que aquellos envidiosos gobernadores y administradores hicieran para acusar a Daniel, no encontraron nada. ¿Por qué?

v. 4b “porque Daniel era fiel, es decir no hubo corrupción en él,
Era un hombre honrado y no le encontraron ninguna falta, ningún error, ningún vicio.

6:5 ni aún hallaron nada contra su propio Dios ni religión.

¿Puede la gente de su trabajo decir lo mismo de usted? ¿Pueden sus compañeros de estudios, familiares, amigos o vecinos decir lo mismo de usted?

¿Por qué Daniel era así? ¿Qué era aquello que Daniel tenía en su vida que hizo que el rey Darío depositara su plena confianza en un extranjero?

Porque era un joven que amaba de corazón a Dios y le obedecía en todo. Tenía valores altos, niveles de vida superiores a los de cualquier nación que no adoraba a Jehová. Sabía en quién había creído. En otras palabras, era santo como el Dios a quien él adoraba. Y una característica de esa santidad era su integridad.

Daniel era íntegro. Había pasado las pruebas de una crisis política tras otra. Su reputación de integridad y honestidad llegó a oídos de los nuevos gobernantes y no quisieron desaprovechar la oportunidad de tener una persona como Daniel dentro de sus líderes políticos.

Integridad! ¿Qué significa eso?————-ILUSTRACION

Aquí tengo algo. Es una cebolla. Todos ustedes saben que es una cebolla.
Si observan bien, lo que tengo tiene la forma de una cebolla. Tiene el color de una cebolla.
Si la pelo, todavía sigue siendo una cebolla. Si la corto en pedazos y la como, sabe como una cebolla. Si la huelo, huele a cebolla. Si cocino algo con cebolla, todavía huele a cebolla. El olor de la cebolla es bastante fuerte y aunque la escondiera en algún lugar secreto, sabríamos rápidamente por el olor que hay una cebolla.

El olor de la cebolla no se va fácilmente. Se impregna en todo y en todos y penetra profundamente. Así que por más que quisiéramos esconder su olor con otro más fuerte no tendríamos buenos resultados. De afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera es una cebolla.

Entonces permítanme hacer una adaptación a un dicho muy conocido por nosotros para decir que: “aunque la cebolla se vista de seda, cebolla se queda”.

Daniel era como una cebolla. No quiero decir que él olía a cebolla ni que ésta era la razón para que los leones no se lo comieran. Si no que el carácter de Daniel tenía una cualidad tan fuerte, tan difícil de corromper o esconder, y que más bien, se daba a conocer por donde quiera que él estaba como el olor de una cebolla.

Esa cualidad era su integridad. Daniel era íntegro como una cebolla desde adentro de su corazón hasta afuera.

Integridad es autenticidad.
Es una condición fija que no varía con las circunstancias de alrededor.
Es una cualidad ética, es excelencia moral, veracidad, inocencia de malos motivos y conducta impropia.
Es rectitud de corazón, es transparencia.

En las Escrituras encontramos numerosos personajes que fueron ejemplos de integridad como Moisés, Job, Samuel, Eliseo, David, Salomón, Pablo y otros más. Héroes que todos nosotros debemos admirar e imitar.

A veces los cristianos estamos, donde estamos, por una razón. Una de ellas es precisamente para demostrar a otros cómo es un cristiano. Algunas personas con quienes nos relacionamos, no tienen idea de cómo es un cristiano, otras personas tienen prejuicios acerca de los cristianos, y otros más, han tenido malas experiencias con los cristianos.

¿Qué clase de cristiano o cristiana es usted? ¿Está usted haciendo quedar bien a Dios con su vida, sus palabras y acciones? ¿Es usted íntegro? ¿Es usted transparente? ¿Dice la verdad siempre? ¿Son sus acciones coherentes con lo que dice? ¿Es honesto con dinero, horas de trabajo o recursos?
Pero la integridad no es algo que nace con uno mismo, sino que se cultiva. Y Daniel había cultivado su integridad desde muy joven.

Vayamos ahora al capítulo 1 y leamos el versículo 3

¿Quién era Daniel? Su nombre significa “Dios es mi Juez”. El era uno de los jóvenes más admirados en Judá en el tiempo del rey Joacim. El se encontraba entre los miembros de la nobleza real.

Cuando el rey babilonio Nabucodonosor conquistó Judá, él llevó a Daniel junto con lo mejor del liderazgo israelita a Babilonia como parte de su estrategia.

En las guerras de los últimos siglos, los países eliminaban más bien a todos los líderes y pensadores como una estrategia para desestabilizar la nación y tener el control completo del mismo.

En cambio, Nabucodonosor hacía seleccionar cierto número de muchachos con ciertas cualidades para que recibieran un estudio intensivo de 3 años de la cultura Caldea, eso incluía aprender el idioma, la religión, la ley civil, las costumbres, etc. (1:4)

¿Con qué propósito? Al escoger muchachos jóvenes y no viejos, se aseguraban que en los jóvenes hubiese la vitalidad y las habilidades para aprender y asimilar los cambios de una nueva cultura.

Eran instrumentos potenciales para el liderazgo, tenían visión y fuerza para usarlos para su reino.

Satanás usa esa misma estrategia por medio de partidos políticos, sectas, música, terrorismo y otros movimientos de pensamiento o de acción para concentrar sus planes en los jóvenes. Se preocupa por indoctrinarlos con valores bajos, con ideas revolucionarias y contrarias a las establecidas por Dios, de manipularlos, de prepararlos para la rebelión y desafío de la autoridad, les insensibiliza el corazón, les llena la mente con violencia y pornografía.

¿Por qué? Porque sabe que los jóvenes son una fuerza importante, están dispuestos a entregarse por una causa, son idealistas, quieren cambios y especialmente porque son los adultos del mañana y producirían caos en las familias y en la sociedad.

Nabucodonosor no sólo se contentó con que estos jóvenes israelitas aprendieran la cultura y el idioma de Babilonia o que se les enseñase a ser futuros miembros de la corte, sino que también este proceso de culturización incluía cambiar sus nombres israelitas por nombres caldeos (de Daniel a Beltsasar que significa “protege su vida”, de Ananías a Sadrac, de Misael a Mesac y de Azarías a Abed-nego) 1:6. Con ello, el rey quería darles una nueva identidad y borrar todo aquello que les hiciera recordar de su tierra y su cultura natal.

Asimismo, como parte de su preparación para la nobleza real, estos jóvenes debían participar de la comida y bebida del rey. ¡Era la mejor por supuesto! Era un honor comer lo mismo que comía el rey ya que no todos tenían ese privilegio (1:5a).

Ahora imaginemos a Daniel, un joven apuesto, bien vestido, seguro de sí mismo, confiado, con sus ojos negros y profundos, mirando fijamente al siervo del rey, quien está delante de él con una hermosa bandeja de plata, llena con exquisitos manjares y bebidas.

Es la hora del almuerzo, los estómagos de Daniel y sus amigos están haciendo ruidillos del hambre, después de haber tenido una mañana ocupada con sus estudios de la cultura caldea y están cansados.

En ese momento, Daniel habla con voz firme y dice: “Lo siento pero no puedo comer de esta comida. Soy un israelita. Por favor no me obligue a comerla ni ha contaminarme con ella”.

Y dice el verso 8 que “Daniel propuso en su corazón”, es decir, tomó la decisión, tomó una actitud, trazó la línea, fue su convicción que él no comería de la comida ni bebería de la bebida del rey. Por tanto, él rehusó y con él sus amigos también.

¿Por qué Daniel rechazó la comida del rey? Hasta ahora él no se había negado en nada a los cambios impuestos sobre su persona. ¿Acaso era porque la comida tenía mal sabor? ¿Acaso era porque sospechaba que podría estar envenenado? O tal vez porque no había “arroz con frijolitos”? 

Algunos comentaristas bíblicos piensan que una razón para rechazar la comida del rey, era porque muchas de las carnes que se ofrecían en la mesa del rey eran prohibidas de acuerdo a la ley israelita (Lev. 11:41-44). Por lo general, los babilonios comían animales que se arrastraban sobre el suelo como reptiles y eso era abominación delante de Dios. Además no se hacía escurrir toda la sangre de los mismos sino que así se le cocinaba (Lev. 17: 10).

Otra razón probable era que muchos de esos alimentos eran dedicados a los dioses paganos de Babilonia.

Otra posible razón es que Daniel simplemente, decidiera permanecer fiel en cuanto a sus costumbres, tradiciones y comidas israelitas.

Por esa actitud, Dios premió a Daniel en ese instante (v. 9) y a sus amigos también (v. 17).

Daniel fue probado en su creencia y fidelidad hacia su Dios. Desde pequeño él había aprendido la ley y lo que Jehová requería de su pueblo. Para él, participar de esos alimentos era quebrantar la fe de Jehová y prefirió evitar cualquier ocasión de pecar contra Dios.

Daniel fue suficientemente valiente para decir NO y para permanecer en su convicción. Y ésta no fue la primera vez que su integridad le fue probada. Daniel fue probado en varias convicciones: en su confianza en Jehová (interpretación del sueño del rey 2:18-19), en su adoración a Jehová (horno de fuego 3:13-18), en su fidelidad al rey (posición política-foso de los leones 6:3-4), en su fidelidad a Dios a través de los años y de los imperios.

¿Alguna vez ha sido usted probado en alguna área de su vida cristiana por sus compañeros de trabajo o por sus amigos, vecinos o familiares que no son creyentes? ¿Cómo salió después de una prueba de su integridad? ¿Se mantuvo fiel a sus convicciones?

Daniel se dio cuenta que el participar de la comida del rey, por muy buena que ésta hubiese sido, era contrario a su fe en Dios. Y en el momento que tuvo que poner en acción lo que él creía, tuvo el valor de decir que NO y tomar una actitud de negación. Daniel determinó ser un ejemplo para sus otros compañeros israelitas y para Babilonia. Él estaba listo con su vida a mostrar a otros lo que era vivir la santidad.

Ahora más que nunca se necesitan personas (o jóvenes) como Daniel, que permanezcan firmes ante los desafíos diarios que el mundo ofrece. El dinero, el sexo, la presión de los amigos, una posición social, los vicios, la infidelidad, el crimen y la violencia gobiernan al mundo y buscan contaminar a todo el que pueden.

En usted está el poder de escoger ser “contaminado” o no. En usted está decidir si servir a Dios o al diablo. En usted está decir con convicción NO o SI a las pasiones, deseos y tentaciones que Satanás y el mundo le ofrecen sutilmente.

Hoy más que nunca se necesitan personas como Daniel cuyas convicciones de fe sean puestas a prueba. Personas con una fe firme, con corazones limpios y puros, perseverantes en la oración, fieles. Personas dispuestas a sufrir y a ser quebrantados, dispuestos a ser moldeados por el Espíritu Santo y dispuestos a ver este mundo como lo ve Jesús. Necesitamos personas con integridad: íntegros como una cebolla ¿Es usted esa persona?

¿Cómo puede usted ser una persona íntegra?

1. Limpie su corazón de maldad. Permita que el poder del Espíritu Santo limpie su corazón, su mente y su conciencia de cosas malas para que sirva sólo al Dios vivo. Y ponga en práctica las enseñanzas de las Escrituras.

2. Llene su corazón y mente de Cristo. No permita que su mente y sus ojos se llenen con escenas de violencia y de pasiones sexuales. Eso insensibiliza su corazón y llena su mente de malicia. En cambio, llénela como enseña el apóstol Pablo, con todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro y amable (Fil. 3:8).

3. Viva sus valores y convicciones y defiéndalos de todo corazón. No acepte los valores de este mundo que no conoce a Dios, porque su propósito es hacer que los valores absolutos se conviertan en relativos; que se introduzca un estilo de vida opuesto al que Dios quiere en la vida del cristiano para hacerlo parecer como “normal” o lo que está de moda en esta generación.

Pablo nuevamente invita a los creyentes y les dice: “Acercaos a Dios y El se acercará a vosotros. Limpiaos de vuestras iniquidades. Purificad vuestros corazones y Dios les dará un corazón puro y lleno de amor” ( ). Porque él sabe que,

Dios le llama a ser Salvo. Este el tiempo en que su vida se está nutriendo de la Palabra, se está formando y creciendo en su relación conforme conoce a Dios cada día. Si usted no permite que Dios ponga sus valores de amor, pureza, verdad y justicia en su vida, entonces el mundo le llenará con los suyos.

Dios le llama a ser Santo. Esta es la continuidad del crecimiento en su vida espiritual. Es limpieza del pecado original y purificación de su corazón para que abunde en amor perfecto.

Dios le llama a Servir. Esta es la manifestación del fruto del Espíritu Santo en su vida con relación a Dios y en relación con sus semejantes. Cuanto más evidente sea el amor por su prójimo y aún por su enemigo, así demostrará cuánto ama a Dios.

Daniel y sus amigos eran jóvenes santos que amaban a Dios, que limpiaban su corazón y mente de cualquier pensamiento, acción, palabras o experiencia de maldad y que vivían sus valores, sus convicciones hasta el punto de morir por ellos si era necesario.

Daniel pues fue conocido, como una persona íntegra en quien “no podían hallar motivo alguno o falta, porque él era fiel y ningún error ni falta hallaron en él”

LLAMAMIENTO AL ALTAR

¿Le gustaría que dijeran eso mismo de usted?
¿Le gustaría que su vida sea transparente como el cristal, auténtico y puro como el oro?
La integridad de su vida dependerá de las decisiones que haga ahora.
¿está listo a ser probado en lo que cree?
¿está dispuesto a tomar una actitud radical de obediencia a Dios?
¿está dispuesto a decir NO a las invitaciones sutiles de este mundo?

Favor de ponerse de pie, cierre sus ojos…

Le invito para que venga a este altar y le pida al Señor que limpie su corazón, que le llene de su presencia y le dé poder para vivir diariamente en santidad.

¿Habrá esta mañana alguien que quiera que el Señor le ayude a ser una persona íntegra?

¿Hay alguien que quiera gozar de una clara conciencia en la que no tenga nada que ocultar para disfrutar de una íntima comunión con Dios?

¿Ha sido desafiado por Dios para ser como Daniel,
quien no tuvo miedo de ser quien era porque nadie le pudo hallar una falta en él, quien no tuvo miedo de decir NO para no ir en contra de sus propias convicciones
quien no tuvo miedo de confiar en Dios para que lo librara de la muerte
quien no tuvo miedo de que todos supieran que adoraba y servía a Jehová, el único Dios vivo?

Si es así, no tarde en venir a este altar. Venga y pídale al Señor que limpie su corazón de toda maldad, que le quite todo deseo de contaminarse con el mundo, que le ayude a ser valiente y firme cuando su fidelidad y su fe sean probadas en JC.

Pídale al Señor que llene su corazón y mente de la plenitud de Cristo, que le purifique con su Espíritu Santo y que le haga perfecto en amor.

Pídale al Señor fortaleza y valor para defender sus valores y convicciones en palabras y hasta con su vida misma.

Ore al Señor con todo su corazón y Él le santificará.

Oremos…

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